viernes, 19 de junio de 2015

Scardust

El silencio reinaba entre aquellas ruinas.Se caían a trozos en el caliente yermo plagado de radiación que yacía a sus pies. La civilización había desaparecido en apenas un instante, y todo recuerdo había sido borrado de la faz de la tierra. Pero algo se levantaba en medio de aquel vacío....

El viento sacudía las cenizas que sobrecargaba el aire. Las arremolinaba en torno al centro de lo que una vez fue una gran ciudad llena de vida, de sueños, de ilusiones. Toda esa ceniza empezó a formar algo. Sin forma,sin ser,sólo dolor. Un grito que provenía de la nube de polvo que se formaba en el punto donde empezó todo. Y cobró forma. Primero la de un esqueleto. Después sobre ello empezó a formarse una piel negra como el petróleo.

Aquella criatura abrió los ojos y se observó,sin ser consciente de lo que eso conllevaba. Con sus manos intentaba agarrar las piedras que se hallaban a su alrededor,pero al tocar cualquier objeto físico sus manos chocaban como polvo y se volvía a formar. Ajeno a este descubrimiento, aquel ser empezó a experimentar reminiscencias. Una mujer de pelo castaño sonriéndole. Una pelota recorriendo las calles al ritmo de sus pies. Su mano colocando una carta en el buzón y algo le llegó a sorprender. Un sonido quizás. Conduciendo el coche miraba al cielo y veía un avión recorrer las alturas en un suspiro. Entonces, con su hijo golpeando una pelota y su mujer besándole en la mejilla, miró de nuevo al cielo y vio algo caer sobre sus cabezas. Y la oscuridad más profunda que jamás pudo sentir.

Volvió a observar sus manos,ahora de color carne, ensuciada por el polvo por el que a su vez estaba formado. Estaba recordando más nítidamente todo. Estaba recuperando sus recuerdos....y los de toda la ciudad. Ahora lo escuchaba como si le alzaran la voz detrás de su oreja. Las voces. Las voces incesantes de cada alma, de cada vecino, de cada amigo y de cada habitante preguntándose dónde se encontraban, suplicando ayuda al hombre que los contenía en una prisión viviente, si se le podía considerar siquiera algo vivo.

Consciente de su situación,consciente de la bomba que arrasó su ciudad natal,consciente de que todo su pueblo forma ahora el caparazón donde anda recluido. Y gritó. Esta vez con toda la energía que contenía, y como la explosión que arrasó con su vida,sus sueños y sus ilusiones, se alzó por el cielo llenando de terror el planeta.

Algunos que se han atrevido a recorrer la ciudad fantasma en ruinas han escuchado sus llantos,sus agonías, su locura. Los más valientes han permanecido la noche ahí y han sufrido de sus gritos por la noche. Aquellos insensatos que deciden mantenerse más tiempo se han vuelto locos,otros ni siquiera han llegado a poder contar su propia historia. Dicen que entre las ruinas se puede observar una sombra que las recorre en busca de una mujer y un hijo largo tiempo desaparecidos, a pesar de saber su conclusión. Su nombre resuena en cada boca de las comunidades circundantes: el Hombre Quemado,la Sombra de Polvo,el Fantasma de Ceniza. Pero nadie conoce su verdadero nombre.

Y nunca lo necesitará. Porque nunca volverá a ser uno. Nunca volverá a estar vivo. Y no necesita estarlo;se mantiene vivo en las pesadillas de todos los habitantes del infierno en el que se ha convertido la tierra. Cómo un ídolo,como un demonio,como un reflejo.

Como el susurro a través del viento.

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